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Abrimos nuestros álbumes familiares y recordamos a nuestros seres más queridos, nuestras viejas fotografías en papel nos transportan a momentos del pasado donde cada risa, cada mirada, cada emoción se encuentra contenida en esas dos dimensiones.
La historia de nuestra vida son los recuerdos que atesoramos, las imágenes que guardamos en la memoria y las que revivimos para volver atrás.
Alguien dijo una vez que ahora estamos aquí para ser los recuerdos de nuestro hijos, porque así lo vivimos con nuestros padres, con nuestros abuelos y con las generaciones precedentes. La historia atesora momentos en forma de imágenes y la nuestra personal se crea a partir de un presente continuo gracias a la magia de la luz.
Tenemos una responsabilidad enorme en decidir qué recuerdos queremos legar a los nuestros, momentos reales que pasados los años podrán volver a ser saboreados.
Cuando llegue el esperado Día será una de las fechas más felices de tu vida, la realidad se impondrá a los sueños y hará tangible tantos momentos de preparación, y cada risa, cada lágrima, cada caricia y cada sentimiento quedará congelado para siempre.
Años después, al mirar esas imágenes tus hijos no sabrán cuanto te costó encontrar el vestido, la memoria no les llegará para saborear el delicioso menú, ni nunca sabrán si el precioso coche que te llevó al altar era un mustang o un chevrolet, tampoco recordarán que la música sonó hasta altas horas de la madrugada de una estrellada noche de luna llena…esos detalles serán absorbidos por el tiempo, pero lo que nunca olvidarán son esos momentos previos en los que el nerviosismo se reflejada en el rostro de todos los que te rodeaban mientras te vestías de novia y tu mirada divagaba soñadora, ni esa última mirada a tus padres saliendo del hogar familiar, volverán a vivir contigo ese momento en el que subías la escalera de la iglesia, estarán contigo en ese momento íntimo en el que tu futuro marido te levantaba el velo y por supuesto recordarán para siempre esa cara de felicidad cuando dijiste: “Sí, Quiero”.

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Vivimos inmersos en el tiempo, cada instante, cada emoción, cada momento, saboreado con intensidad se convierte en un recuerdo.

Es por eso que retornar al día más feliz de las vida de Laura y José, convierte una postboda en un recuerdo imborrable.
Juntos, unidos por el momento, olvidando los nervios pasados, las prisas, dejando en la mesilla del olvido el tic tac del reloj presente… creando una burbuja atemporal en la que volver a enfundarse los trajes de novios. Esta vez el uno al otro.
Respirando profundamente, olvidando el mundo tras los ventanales del precioso Hotel Barceló Sancti Petri Spa Resort.
Saboreando el dulzor de mirarse a los ojos y encontrar en el otro su otra mitad, lentamente, suave, muy suave.
Seduciendo con los sentidos, dejándose atrapar por el mágico ambiente del Lounge Siddharta, escuchando el eco de lejanas melodías entre confidencias y besos.
Y después el sol inundó la hermosa Cala del Aceite de Conil, Cádiz y su luz, al abrigo de los rojizos acantilados ruborizados por el Amor de Laura y José, y las risas se mezclaron con los silencios, y el mar, frío y bravo, abrió sus brazos y meció con su oleaje a los recién casados y sucumbió ante quien a su orilla venía a cumplir un sueño: la hermosa Laura.

“Si enciendes una luz para alguien, también iluminará tu camino” Buda

 Agradecimientos:

Hotel Barceló Sancti Petri Spa Resort. A María Berruezo- Directora Comercial-por su extraordinaria colaboración y por un trato exquisito y a todo el Equipo de Recepción por su profesionalidad. Un lugar mágico

Estilismo: Cristina
Chófer/Guardaespaldas: Carlos

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