DSC_2217+bn+Inicio

Abrimos nuestros álbumes familiares y recordamos a nuestros seres más queridos, nuestras viejas fotografías en papel nos transportan a momentos del pasado donde cada risa, cada mirada, cada emoción se encuentra contenida en esas dos dimensiones.
La historia de nuestra vida son los recuerdos que atesoramos, las imágenes que guardamos en la memoria y las que revivimos para volver atrás.
Alguien dijo una vez que ahora estamos aquí para ser los recuerdos de nuestro hijos, porque así lo vivimos con nuestros padres, con nuestros abuelos y con las generaciones precedentes. La historia atesora momentos en forma de imágenes y la nuestra personal se crea a partir de un presente continuo gracias a la magia de la luz.
Tenemos una responsabilidad enorme en decidir qué recuerdos queremos legar a los nuestros, momentos reales que pasados los años podrán volver a ser saboreados.
Cuando llegue el esperado Día será una de las fechas más felices de tu vida, la realidad se impondrá a los sueños y hará tangible tantos momentos de preparación, y cada risa, cada lágrima, cada caricia y cada sentimiento quedará congelado para siempre.
Años después, al mirar esas imágenes tus hijos no sabrán cuanto te costó encontrar el vestido, la memoria no les llegará para saborear el delicioso menú, ni nunca sabrán si el precioso coche que te llevó al altar era un mustang o un chevrolet, tampoco recordarán que la música sonó hasta altas horas de la madrugada de una estrellada noche de luna llena…esos detalles serán absorbidos por el tiempo, pero lo que nunca olvidarán son esos momentos previos en los que el nerviosismo se reflejada en el rostro de todos los que te rodeaban mientras te vestías de novia y tu mirada divagaba soñadora, ni esa última mirada a tus padres saliendo del hogar familiar, volverán a vivir contigo ese momento en el que subías la escalera de la iglesia, estarán contigo en ese momento íntimo en el que tu futuro marido te levantaba el velo y por supuesto recordarán para siempre esa cara de felicidad cuando dijiste: “Sí, Quiero”.

Comentarios

comentarios

La incipiente floración del Valle del Jerte es el germen de esta aventura que comienza con un atardecer en la rivera del Tajo. Santiago de Alcántara, entre recuerdos y acontecimientos nos regala su atardecer. Mª Carmen y Álvaro llegan a tan esperado momento tras una tierna amistad inicial, que convirtió sus miradas de antaño en la unión que hoy día viven tan intensamente.
Buscando los cerezos en flor el viaje nos llevó entre Valdastillas y Piornal a descubrir una de las más bellas cascadas del Valle del Jerte, la del Caozo. Impresionante montaña por la que se despeñan aguas cristalinas, con una portentosa subida que convirtió cada obstáculo del camino, en un sinfín de aventuras y risas a partes iguales, donde Mª Carmen y Álvaro, de la mano, disfrutaron del bellísimo y recóndito paisaje, solo idóneo para los más atrevidos.
Después, y entre nacientes cerezos, el tesoro fue hallado. Álvaro y Mª Carmen susurraron sus más íntimos deseos, olvidando la existencia del mundo tras las montañas de la Sierra de Gredos. El tiempo se detuvo.
Como la vida misma, el camino continuó hacia Cáceres y al llegar a la ciudad de Augusta Emerita, los vestigios de las antiguas civilizaciones fueron testigos de la aventura que constituye vivir.
Mª Carmen y Álvaro emprenden su camino hacia una nueva era, marcada por su próximo “Sí, Quiero”, y continuada por un hermoso camino que como las antiguas calzadas emeritenses, estará cimentada por ese enorme Amor que se tienen y así permanecerá por los siglos de los siglos.

 

 

Comentarios

comentarios