Fotografía Boudoir

Orígenes

UN POCO DE HISTOIRA

En la Francia rococó del siglo XVIII, en la época de Luis XVI, las casas opulentas o castillos solían tener una habitación privada dentro de los dormitorios principales, llamadas Boudoir. Esa pequeña habitación era utilizada por las mujeres para embellecerse, practicar el arte de la pintura y de la música, y, a veces, como una habitación privada para los encuentros amorosos, lugar descrito por el Marqués de Sade como encantador, elegante y bastante frívolo. El arquitecto Le Camus de Meziéres insiste en que “el Boudoir es la morada del deleite sensual, por lo cual, es esencial ambientarlo en un estilo en el que predomine el lujo, la suavidad y el buen gusto”. Es un lugar donde el hombre entra, sólo si ha sido invitado previamente.

Sin embargo, el término Boudoir existe ya en 1730 y algunas fuentes datan su origen en la época de la Regencia (1715-1723). Este aposento íntimo no se encuentra representado en ningún plano hasta 1760 y es significativo que no aparezca en el relevante volumen de la Encyclopèdie (1751) de d´Alambert y Diderot. Esta fuente de saber moderno incluye amplia información de habitaciones particulares como el cabinet: “Bajo este nombre uno entiende habitaciones dedicadas al estudio o en las cuales se conducen negocios privados o que contienen los ejemplos más exquisitos de colecciones de pinturas, esculturas, libros…

Uno puede llamar cabinet a aquellas habitaciones en el que las mujeres se visten, atienden sus devociones o echan la siesta, o aquellas que ellas reservan para otras ocupaciones que demandan soledad y privacidad.” Es revelador este pasaje porque podemos considerar que el Boudoir nace como una especie de cabinet.

Durante la primera mitad del S.XIX transcurre el Romanticismo, un movimiento cultural que se extendió por toda Europa y significó una reacción contra el formalismo clasicista y el racionalismo imperante en el S.XVIII. La exaltación del individuo, de la libertad, y la rebeldía contra los convencionalismos sociales y el gusto por lo exótico.

Es, en esta época, en la que la mujer va a alcanzar un gran protagonismo, en las Bellas Artes, donde no solo se realiza una exaltación de su cuerpo, su hermosura; sino, también de su belleza interna, su espiritualidad, y es éste el motivo por el que los artistas románticos la tratasen con toda consideración, como si fuese en realidad un ángel. En las pinturas, aparecerá el tema del desnudo femenino, así como algunos retratos que transmitirán la belleza, elegancia y fragilidad de las mujeres.

En el ámbito social, las casas burguesas de la época, la élite, son un claro ejemplo de la dicotomía existente en la sociedad del momento, una clara diferenciación entre la figura masculina y femenina, representada en la separación de las distintas estancias del hogar. Dentro del plano doméstico burgués del S.XIX y XX, nos encontramos con espacios que nos permiten hablar de esa división que, en sí misma, representa la separación radical de los ideales contrapuestos e impuestos a hombres y mujeres.

El Fumoir, la estancia por excelencia masculina, era un lugar privado donde tenían lugar encuentros públicos entre hombres. Un lugar donde descansar, leer en soledad o departir en grupo. Pero sobre todo, era el lugar donde fumar cigarros, una actividad entonces asociada al lujo y a lo exclusivo. Mientras que el Boudoir era la principal estancia femenina de la casa burguesa, que tenía un sentido totalmente diferente, un sitio íntimo apartado del terreno público, cuya decoración solía aludir a temas convencionales como la soledad y el retiro idealizado manteniendo un tono clasicista,  donde la mujer se acicala, reza o descansa. Era el lugar que ocupaban las mujeres tras las comidas, mientras ellos se retiraban al Fumoir. Para las mujeres lo privado, las emociones, las pasiones que hay que controlar; para los hombres lo público, lo político, la racionalidad o los valores de la ciencia.

A pesar de esta dicotomía existente fuertemente residual en esta sociedad, el romanticismo también es la época en la que comienza el proceso educacional de la mujer y emerge con fuerza la novela, siendo ésta la que más lee en esta sociedad, por ello, es entendible la necesidad de un espacio en el hogar para esta nueva ocupación femenina. La educación de las mujeres de la aristocracia se hace más tolerante pero no por ello pública, por tanto, debe ser confinada al mundo privado del hogar.

Mostrando la evidente condescendencia masculina hacia la mujer en esta época, y en base a que el término Boudoir, procede del verbo bouder, cuya traducción sería manifestar el mal humor, el Boudoir, desde el punto de vista del hombre del S.XIX, sería utilizado para ocultar el descontento, haciendo referencia a un lugar donde pasar los asiduos pequeños enfados, lo que ahora llamamos la tensión premenstrual, eso era lo que suponían algunos escritores del momento, aludiendo de forma eufemística a la supuesta “inestabilidad” propia del carácter de las mujeres.

En contraposición a tal creencia masculina, el Boudoir era también un lugar donde la mujer podía liberarse del control masculino y el más indicado para recibir las visitas femeninas de confianza de la dama de la casa y aquellas más íntimas. Según la literatura y la imaginación popular el Boudoir es un nido de amor suntuosamente decorado, por tanto, resulta evidente la asociación del Boudoir con la seducción.

Hoy en día el término Boudoir, se ha aplicado a un estilo de Fotografía que intenta retratar la belleza de la mujer de una manera íntima y sensual, que al igual que la mujer de antaño busca su espacio compatibilizando todas las facetas de la vida. Una mujer que se siente hermosa, portadora de una enorme sensualidad.

En la Fotografía Boudoir, se hace un viaje en el tiempo, para retratar la Belleza atemporal que toda mujer atesora en su interior.

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