RETRATOS CON ALMA
Retratos con alma nace en 2026 como una necesidad personal y creativa: la de mirar más allá de lo visible y detener el tiempo para escuchar lo que una persona es en este preciso instante de su vida. Creo profundamente que cada ser humano merece un retrato auténtico y veraz, un testimonio honesto de la etapa que está atravesando, sin máscaras ni artificios.
La fotografía, para mí, es un espacio de encuentro. Me interesa el contacto real, el silencio compartido, la mirada que se sostiene sin prisas. Ahí es donde aparece la verdad. Durante mi proyecto Las caras del arte aprendí el valor de esa conexión íntima entre fotógrafo y retratado, y ahora, en esta nueva etapa, siento el impulso de seguir indagando en el alma humana con mayor profundidad.
Estas sesiones son pequeñas, íntimas, casi rituales. Un lugar seguro donde la persona puede mostrarse tal y como es, dejando al descubierto su esencia, su historia y su momento vital. No se trata solo de hacer un retrato, sino de crear un espacio donde el alma tenga permiso para expresarse.
Cada encuentro es único. Cada rostro guarda una historia irrepetible. Y cada retrato es una huella sincera de lo que somos cuando nos permitimos ser.
José Manuel Montalbán es un hombre con una mirada honesta, de esas que no necesitan palabras para contar una historia. Se encuentra en una etapa vital distinta, de cambio y de toma de conciencia, reinventándose desde la serenidad y la verdad. Hay en él una calma profunda, una manera de estar en el mundo que transmite confianza y cercanía.
Es un padre que adora a su hijo, y en esa relación se intuye gran parte de su fuerza. En su mirada aparece el amor incondicional, la responsabilidad y la ilusión de quien sabe que acompañar es también aprender cada día. Su hijo es motor, reflejo y raíz.
Disfruta de su vida laboral, de aquello a lo que dedica su tiempo y su energía, y tiene una vocación clara por ayudar a los demás. José Manuel es de esas personas que suman, que escuchan, que sostienen sin hacer ruido. Su generosidad y su cariño se manifiestan en los pequeños gestos, en la forma de hablar, en la manera de mirar.
Es profundamente familiar, cercano y afectuoso. No hay artificio en él, solo verdad. Y esa autenticidad se percibe con claridad frente a la cámara: en cada mirada sincera, en cada sonrisa contenida, en cada silencio. Capturar su esencia fue un privilegio, porque retratar a alguien así es permitir que el alma se muestre sin defensas.
«Cada retrato es un espejo del alma, y en José Manuel encontré la luz de una vida que se reinventa sin perder su esencia».
Mostrar el alma en un Retrato es como abrir los ojos después de haber estado mucho tiempo en la penumbra. Al principio, la luz abruma, casi duele; hay una especie de ceguera que nos obliga a parpadear, a apartar la mirada. Pero si aguantas, si te permites observar con paciencia, los contornos empiezan a aclararse, y aquello que parecía borroso se vuelve nítido. Cada rasgo, cada sombra, cada línea lleva un brillo propio que antes no alcanzabas a ver. Y entonces descubres que no solo es luz lo que hay frente a ti, sino la profundidad de lo que permanece invisible en la superficie: los miedos, las alegrías, los recuerdos, la verdad de quien posa. Es un brillo silencioso, sutil, que solo puede percibirse cuando uno se atreve a mirar más allá del reflejo superficial y se encuentra cara a cara con la esencia.
Cuando el tiempo pasa y comienzas a hacer balance, al ir tan rápido lo primordial se vuelve accesorio en el día a día. Pero al parar, al mirarte, al respirar, al tomar espacio, descubres que tus sueños siguen latiendo bajo la piel que se transforma, convirtiéndose en tu nueva armadura.
La verdadera fotografía nace cuando dejamos de posar y empezamos a ser
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