Aventuras de Verano 2026· PURA TARIFA

Los años pasan y los veranos llegan, y aunque, cada año la vida las aleja de los típicos descansos estivales de antaño coincidir es toda una necesaria confluencia buscada.
Crecen, cambian, vuelan, aparecen nuevos planes, nuevas responsabilidades… y coincidir deja de ser algo sencillo. En Málaga, Sevilla, Madrid y Sanlúcar se quedan sus vidas, sus prisas y esas mujeres en las que se están convirtiendo. Pero cuando llega el día de la sesión, el tiempo parece retroceder un poquito… y, por unas horas, vuelven a ser mis cuatro niñas.

 

2026 y la idea de querer ir a Tarifa fue la mecha que prendió nuestra nueva Sesión de Amigas, con Julia, Aitana, Abril y Arantxa como protagonistas de una historia cíclica que nos lleva a ir viéndolas crecer verano a verano.
El planteamiento es sencillo: disfrutar de un día juntas.
Así que comenzamos temprano, con el desayuno oficial en Miradamas y con Eli maquillándolas. Como siempre, el equipo se cierra con Bienve y Guio y, en los coches conducidos por las noveles Aitana y Julia, partimos rumbo a la ciudad del viento.

Tarifa tiene algo que no se explica del todo. Quizá sea el viento, esa luz que parece distinta o la sensación de estar justo donde dos mares se encuentran. Es un lugar que invita a soltar, a reír más fuerte y a dejar que el día simplemente ocurra.

Sus callejuelas nos regalaron estampas de unas niñas… chicas… mujeres —incapaz aún de denominarlas— que deambulaban entre sonrisas cómplices y miradas improvisadas, como si el mundo, en ese instante, no tuviera un reloj que avanzase, porque entre ellas la vida no transcurre igual.

Y, como una instantánea de estos tiempos, quisimos remedar el “tardeo” en el Hotel Arte Vida, una costumbre que arraiga con la belleza de una época estival que ha adelantado el reloj de las tradicionales salidas para reír y compartir a media tarde. Y así, Arantxa, Abril, Aitana y Julia se dejaron llevar por la música en un lugar tan especial.

Finalmente, la playa de Bolonia nos vio llegar a toda prisa. No queríamos ver el atardecer en otro lugar. Queríamos que su lado más infantil saliera precisamente allí donde han crecido: en la playa, junto al mar, tocando arena, dejándose llevar, corriendo, riendo… y cumpliendo ese sueño, inducido por mí, de dejar que el mar las meciera vestidas de guapas.

Un año más, misión cumplida. Un año más, recogidos sus 20 años en unas imágenes que seguirán haciendo crecer aquel álbum que comenzó hace ya once años y que será un legado para estas cuatro preciosidades que, tras el adiós, vuelven a sus vidas, sus retos, sus realidades y se alejan de mí. Pero que, por un día, por unas horas, me pertenecen. Hoy y siempre.

Gracias, equipazo, por estar siempre. Y gracias, Mis Niñas, por hacerme tan feliz.

 


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