Sin título-1admiraba muchísimo a una niña de mi clase que era extremadamente inteligente, había otras niñas con unas habilidades deportivas innatas, también estaban las que de manera natural te despertaban una carcajada, y muchas otras con las que íbamos creando un nuevo mundo. Yo, por mi parte nunca encontré una habilidad convencional en la que destacara, era ‘del montón’. Y en realidad, siempre lo agradecí porque mi timidez me llevaba a no desear destacar, por eso, creo de ahí viene mi cero competitividad. Si alguien desea ir por delante mía siempre pienso que quizás tenga más prisa que yo.

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Pero la cualidad que siempre he admirado por encima de todo es esa capacidad de recordarlo todo de manera fulminante, de leer algo y recordarlo, ¡extra-extraordinario¡

Entender ideas abstractas de manera natural para mi era todo un misterio. Yo entendía las historias, las reglas, los esquemas, pero abstraerse es una capacidad que percibía como mágica. Además el hecho de recordar palabra por palabra aquello que acababas de leer era un misterio inexpugnable.

Siempre fui de estudiar mucho, de ahondar en la materia y ampliarla y una vez que tenía todo la información entonces la dominaba, pero a base de tenacidad y ganas de aprender.

UN, DOS, TRES…SONRÍE

Desde muy pequeña y digamos que por tradición familiar, mi vida siempre ha estado acompañada por la Fotografía. Esa gran portadora de recuerdos.En cada cumpleaños había un fotógrafo que inmortalizaba el recuerdo, que conseguía que esas velas siempre permanecieran encendidas.

Cada vez que deseo avivar un recuerdo vuelvo a abrir los viejos álbumes de fotografías, y así, de nuevo siento la inocencia, la timidez, la candidez de mi infancia; como en una máquina del tiempo me veo crecer y descubrir el mundo. Leo en mis ojos los sentimientos que aquellos momentos provocaban en mi y en un viaje sin fin, sonrío recordando cada detalle, cada instante robado al tiempo.

No solo disfruto recordandome, la nostalgia viene adherida a cada foto, porque aunque sabemos que no siempre el tiempo pasado fue mejor, sí que la distancia lo cubre con un halo de serenidad increíble, y volver a sentir a quienes ya no están es como obrar un milagro. También recordar cómo eran los demás, cuánto potencial había en cada mirada, cómo ha pasado el tiempo y cómo ha ido transformando ilusiones en realidad a veces aún más ilusionantes.

VIAJES DE LA MEMORIA

Los carretes y las cámaras me han ido acompañando a cada paso  y así la familia fue creciendo en recuerdos. En cada viaje, en cada salida, en cada momento importante ahí siempre quedaba inmortalizado el momento.

No creo encontrar el mismo paralelismo que ahora con la obsesión continuada por perpetuar cada paso que damos, trivializando hasta lo más personal. Quizás sí y la distancia no me permite aceptarlo. Quizás no era tan narcisista el deseo que perpetuar la memoria, o al menos el objetivo no era explicarnos ante el mundo desconocido, era más bien, crear unos recuerdos de familia, que constituyeran los pilares de nuestra vida de puertas adentro, para el recocijo melancólico del después.

La memoria fotográfica también llamada por su nombre ciéntifico ‘memoria eidética’ es uno de los grandes misterios del cerebro humano

Las personas que nacen con esa cualidad tiene la capacidad de recordar cualquier aspecto de lo que leen, vean o escuchen con un nivel de detalle prodigioso. Pues ésa, nunca fui yo.

MI MEMORIA FOTOGRÁFICA

Mi falta de memoria me llevó a perpetuar en imágenes mis momentos y al darle vueltas al concepto me parece anecdótico darme cuenta de que hoy mi memoria es fotográfica, ja,ja, yo que siempre deseé decir que poseía una memoria fotográfica ahora me doy cuenta de que mi manera de vivir, de sentir, de contar mi vida y ofrecersela a mis generaciones venideras ha sido a través de la fotografía, en primera instancia como deseo personal y por azares de la vida como tributo profesional a las parejas en cuyas vidas me sumerjo para contar sus propias historias y rellenar sus maletas vitales de tesoros fotográficos.

albumSENTIR

Para mi, la vida a traves de la fotografía es como la energía, ni se crean ni se destruye,  solo se transforma, y cada paso que vamos dando y cada gesto que vamos congelando, constituye nuestra memoria generacional, y no digo que mi memoria sea comparable con la que llaman de verdad así, pero para mi, mi memoria selectiva me ha ayudado a olvidar y a recordar a un mismo tiempo

Olvidar lo que daña asumiendo su enseñanza y desechando el dolor y sobre todo recordar lo que importa, que como dicen, lo importante es saber qué es lo importante.

Y con el paso de los años, sigo dentro del todo pero ahora he descubierto que mi talento es mi capacidad de sentir y mi unicidad es cómo lo hago, eso no me convierte en nada sobresaliente pero sí me siento muy notable. Sigo admirando y mucho los talentos de quienes admiro, de quienes me rodéan porque cada uno tiene el suyo propio y eso lo convierte en un ser único.

El día que una lágrima de emoción brotó al ver una fotografía que contaba una historia, el día que alguien se emocionó por algo que le escribí, algo se removió en mi interior, fue como el despetar de mi conciencia y ese día sentí que esa era mi gran pasión: contar historias.

Así que ahora que estoy convencidísima de ello, y ya podré decir con orgullo: Tengo memoria fotográfica

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